Publicado el 16/05/2025 por Administrador
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Ecuador ha logrado enfrentar el pico de demanda eléctrica de este año sin registrar interrupciones ni apagones, una señal positiva para el sistema energético nacional que aún recuerda las restricciones vividas en 2023. No obstante, el Gobierno ya afina su estrategia para hacer frente a un nuevo desafío: el estiaje 2025-2026, que según proyecciones podría ser más severo que el anterior.
La ministra de Energía y Minas, Inés Manzano, confirmó que el país superó sin inconvenientes el punto más alto de consumo energético anual, gracias a la operatividad plena de las principales hidroeléctricas y a la gestión coordinada del Operador Nacional de Electricidad (Cenace). Sin embargo, advirtió que los meses secos se acercan, y que el país no puede bajar la guardia.
El estiaje —período de menor caudal en los ríos— iniciará a mediados de mayo y se extenderá hasta marzo de 2026, afectando particularmente la generación hidroeléctrica, que representa cerca del 90 % de la matriz energética del país. Regiones estratégicas como el callejón interandino, la costa y las islas Galápagos ya muestran señales de reducción en precipitaciones, lo que anticipa un reto logístico y técnico de gran magnitud.
Ante este escenario, el Ministerio de Energía ha declarado al sector eléctrico como prioritario, activando mecanismos especiales para acelerar la contratación de generación adicional y fortalecer la infraestructura de transmisión. Se estima que el país necesitará incorporar al menos 430 megavatios (MW) adicionales de energía firme para garantizar la estabilidad del sistema en el próximo estiaje.
Actualmente, el Gobierno ha suscrito contratos que contemplan la adquisición o arrendamiento de 1.073 MW, aunque solo 140 MW están en operación. En este contexto, dos proyectos clave, las centrales El Salitral y Quevedo —construidas por la firma estadounidense Progen—, avanzan con más del 80 % de ejecución y se espera que estén listas a tiempo para cubrir parte de la demanda.
La demanda eléctrica en Ecuador ha crecido a un ritmo promedio del 10 % anual, lo que podría llevar al país a requerir más de 5.000 MW en 2025. Este crecimiento, si bien evidencia una economía en reactivación, también tensiona al sistema eléctrico, que aún no alcanza un margen de reserva robusto para enfrentar emergencias.
Para mitigar riesgos, el Ejecutivo trabaja en una estrategia de eficiencia energética y campañas de ahorro dirigidas a hogares, comercios e industrias. Estas medidas buscan reducir el impacto del aumento del consumo y evitar escenarios críticos como los cortes prolongados de electricidad vividos el año anterior.
Ecuador se enfrenta así a una nueva etapa en su política energética, donde la previsión, la diversificación de fuentes y la eficiencia operativa serán claves para garantizar un suministro continuo y confiable. Con un estiaje a la vista y una demanda en constante ascenso, el país deberá equilibrar urgencias de corto plazo con decisiones estructurales que aseguren su soberanía energética en el futuro.